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viernes, 14 de febrero de 2014

LOVE TRIANGLE. Capítulo 1.

Por Efe Row


Capítulo 1

-Esto es realmente aburrido. Aún no sé siquiera qué hacemos aquí- gritó Alejandra para que su voz se escuchara por encima del ruido, pero a duras penas Sedrick logró escuchar algo. 
Era un lugar visiblemente grande, que cuando funcionaba únicamente como casa debía de ser amplio y espacioso. Sin embargo, con tanta gente ahí era casi imposible moverse, y los gritos combinados con la música a todo volumen causaban un ruido ensordecedor. Iban agarrados de la mano para que no se separara uno del otro y se perdiese entre la multitud, como si fueran pareja. De hecho, cualquiera que no los conociera bien pensaría eso: que eran pareja, aunque realmente sólo eran amigos. Se conocían hace tanto tiempo que podrían considerarse hermanos, y actuaban como tal.


-Estoy buscando a Mayra. Supe que estaría por aquí más o menos a esta hora. Quizá tenga una oportunidad con ella, últimamente hemos estado muy unidos, hemos hablado muchos y…-se interrumpió y estiró el cuello para mirar por encima de las cabezas de quienes los rodeaban-, y creo que podría gustarle, tal vez.

La chica lanzó un suspiro exasperado poniendo los ojos en blanco y comenzó a mirar a todos lados en busca de la conquista de su amigo, hasta que sus ojos se posaron en algo.

-Creo que ya sé dónde está tu novia. 
Él volteó para lanzarle una mirada furiosa y decirle “no es mi novia, aún no”, pero al verle la cara notó que observaba atentamente y con extrañeza algo detrás de su espalda. Dirigió la mirada hacia allí y se dio cuenta: la cabellera rubia sobresalía por entre la gente; la figura bajita, que traía puesto un vestido negro entallado que le llegaba al comienzo de los muslos y le descubría los hombros, bailaba sobre una mesa con una botella de tequila en la mano derecha y la otra extendida sobre su cabeza; hombre tras hombre se colocaban alrededor de ella para ser los siguientes en bailar a su lado, y la chica accedía a besar a uno que otro afortunado que se le acercaba lo suficiente como para hacerlo.

Era extraño, pues nunca se había enterado de que ella consumiera alcohol o drogas, o que tuviera fama de… eso, pero igual era de esperarse de alguien que frecuentemente cambiaba de novio y que cada fin de semana asistía a fiestas de las que luego no se acordaba. Hacía semanas que se habían conocido bien y habían comenzado a hablar porque los pusieron juntos en un proyecto escolar. Ella se comportaba diferente con él: lo abrazaba, le mandaba mensajes todas las tardes, le decía “cariño” o “amor”, entre otras cosas; se extrañaban, a veces se celaban y hasta una vez casi se habían besado, pues los labios de ella habían tocado la comisura de los de él en un beso de despedida. En una situación normal, esos eran señales de que le gustaba, pero debió haberlo previsto, esa no era una situación normal y ella no era una chica que demostrara sentimientos hacia nada ni nadie, más bien sólo le gustaba jugar con los de los chicos. Ya no había nada que hacer, sólo no permitirle que siguiera jugando con él.

-Hay que irnos, tienes razón, esto es muy aburrido- se volteó hacia la puerta y se dirigió a ella con pasos veloces.

Alejandra le apretó la mano que sostenía en señal de que estaba con él y que lo ayudaría en todo. Él le devolvió el gesto mirándola por encima del hombro y dedicándole una sonrisa algo entristecida. Se conocían tan bien que sabían qué significaba cada movimiento del otro, cada acción, cada gesto, cómo responderían ante cierta situación y muchas cosas más, además de que siempre estaban ahí para apoyarse el uno al otro. Se habían visto llorar miles de veces, sufrir por un enamoramiento o por problemas familiares, sentirse incomprendidos, habían estado entre los brazos del otro mucho tiempo, y se habían dado el hombro para que llorase el otro, o el pecho. Eran casi inseparables, y se sentían como conectados.







Llegaron a la puerta y se sintieron aliviados al salir de aquella casa repleta de gente, aunque aún se escuchaba la música muy fuerte. Ahora había otro problema: no tenían cómo regresar pues el chico que los había llevado seguramente seguiría en la fiesta y no saldría de ahí hasta después de las tres de la mañana, si es que salía. No les quedaba más remedio que pedirle que los llevara a alguien que se fuera lo antes posible, pero igual tardarían varias horas para que eso pasara.

Mientras, decidieron esperar afuera sentados en la orilla de la banqueta; grupos de chicos se encontraban fuera de la casa fumando o consumiendo alguna otra droga, y otros simplemente platicando con botella en mano, pero muy tranquilos. “Son aquel grupito de aplicados del primer año de prepa” pensó Alejandra, y estaba en lo correcto. Ellos tenían fama de ser los más pacíficos, pues sólo asistían a las fiestas por algo de licor, para platicar entre ellos mismos, y se iban poco después de media noche; solo algunos fumaban pero no consumían otra droga, tampoco bailaban (al menos no todos) ni se metían en las peleas que se armaban, ni llegaban a quedarse borrachos. Aquellos chicos le caían bien, había conocido a varios de ellos el curso pasado cuando ella estaba en segundo año de secundaria y ellos en tercero, sobre todo a su líder Lethan, de quien había sido muy amiga. Pero había uno de ellos que no conocía y le llamaba mucho la atención, un chico alto, de piel blanca, ojos grises y cabello castaño alborotado. Parecía muy simpático, pero se le veía excluido del grupo. Él no llevaba ninguna botella y por ratos apartaba la mirada del círculo de compañeros que conversaban y conversaban, como buscando la hora para escabullirse.

Pasaron media hora sentados allí, tomados de la mano todavía, observando a ver quién se iba para que los llevara y platicando de a ratos. Por momentos, Alejandra dirigía una mirada al grupito de aplicados de prepa para ver si su viejo amigo la reconocía y los invitaba a unirse a la conversación, pero no pasó; en cambio, el chico de cabello castaño sí la notaba y la volteaba a ver, y cuando ella le dirigía la miraba y trataba de sonreírle, él se volteaba. Era extraño, y no lo había visto abrir la boca en todo el rato.

Al fin, Lethan se percató de la presencia de Sedrick y Alejandra, y les sonrió mientras los invitaba a acercarse con un gesto de la mano. Ellos accedieron y, aún tomados de la mano, se acercaron al grupo. Se colocaron en un lado del círculo, ella junto a un chico moreno más bajo de estatura, Rob, a quien conocía pues era el mejor amigo de Lethan, y él junto a otro chico de mechones lacios negros y piel enrojecida.

Frente a ella, junto a Lethan, estaba el chico castaño que había estado observando desde hacía un rato, dirigiéndole fugaces miradas disimuladamente. Nadie le prestaba atención; es más, llegó a pensar que solo ella lo veía, pero al cabo de un rato de plática despejó su duda.

-Bueno, hace mucho que no platicábamos, la escuela y el cambio de nivel nos han alejado mucho. Ya hasta había olvidado lo unidos que eran ustedes dos- dijo Lethan, sonriéndoles mientras señalaba con la barbilla las manos de ambos, que seguían unidas.

Enrojecieron un poco tras el comentario de su amigo, pero siguieron con las manos juntas.

-Bueno, sabes que nos conocemos hace mucho, y casi siempre hemos sido así, como si fuéramos hermanos…- intentó contestar Sedrick, pero el nerviosismo se notaba en su voz.

-Eso sí, se peleaban como tal y siempre estaban juntos.- dirigió una mueca sonriente a Alejandra, pero ella lo miraba con tel ceño fruncido- Bueno preciosa, ¿qué haces por estos lugares a altas horas de la noche?¿No deberías estar en tu casa como la niña buena que eres?

Enrojeció más y notó cómo la mano de Sedrick se cerraba con más fuerza sobre la suya, lastimándola un poco. Trató de mover la mano para advertirle que se la estaba destruyendo, y él comprendió y aligeró su fuerza, pero no la soltó.

-Veníamos a ver si había algo bueno que hacer aquí, en vez de seguir la rutina, pero no encontramos nada y decidimos esperar fuera a alguien que nos pudiera llevar a casa- contestó Sedrick, pues a Alejandra no le salía palabra alguna.

-Hmm, creo que tienen suerte. Nuestro compañero, Josh, ha traído carro y al parecer tiene ansias de irse ya, sólo necesita una excusa. Además, él no ha bebido nada, no le gusta, así que puede manejar a la perfección.

Los ojos oscuros de Lethan se posaron en el chico a su lado. Este alzó la mirada de sus zapatos y los observó a todos como si se hubiera levantado de un sueño extraño. De hecho eso había hecho, pues su mente estaba ida en un sueño. No sabía exactamente qué era todo eso, le confundía mucho, y a veces sus sueños eran tan extraños que ni siquiera él los comprendía.

 -¡Ey, Josh, reacciona!- le gritó Lethan mientras lo zarandeaba tomándolo por los hombros.

Los rizos negros le caían a Lethan por la cara, provocando que por ratos se le tapara un ojo. Era muy lindo, pensó Alejandra, no por nada había llegado a gustarle tanto cuando lo conoció bien. Su rostro pálido hacía que sus ojos y su cabello resaltaran más, y sus facciones delicadas pero lo suficientemente varoniles lo hacían muy atractivo. Además, había algo en su forma de hablar y en las palabras que decía que enamoraría a cualquiera.

Pero no, ella no era cualquiera. Sí le había llegado a conquistar al principio por su belleza tanto física como emocional, pero conforme pasaban los meses había logrado tomarlo como un amigo y nada más. Él coqueteaba con ella de vez en cuando, pero no era la única y lo sabía, así que no se dejaba llevar. Y al final, habían decidido sólo ser amigos, pues él nunca buscó nada serio y negaba que alguna vez se hubiese sentido atraído por ella. Y ella le creía.

Tardaron unos minutos para que Josh reaccionara, y cuando lo hizo todavía seguía algo perdido.

-Josh, te preguntábamos si podrías llevar a mis amigos a su casa, no tienen quien los lleve y, como parece que quieres irte, creo que podría ser buena idea- dijo Lethan señalando con la mirada a Alejandra y Sedrick.

Josh aún no entendía bien las cosas, seguía pensando en su sueño despierto, y en unos ojos relucientes que había visto en este, pero no podía desaprovechar la oportunidad de conocerla bien, aunque no fuese más que otra chica normal.

-Pues… para mí está bien- contestó él, y los chicos al otro lado sonrieron.

¿Le sonreían a él? Tal vez sí, porque había aceptado llevarlos a su casa, pero también podría ser que sonreían por el ridículo momento que pasaron tratando de hacer que él prestara atención. No lo sabía.

Sacó las llaves del auto y se sintió feliz al habérselo pedido a su papá en la mañana, porque gracias a esto conocería a la chica de los ojos que lo hacían sentirse… extraño. Pero no, no podía pensar en ella así. Era obvio que ella y el chico a su lado eran pareja. Habían permanecido agarrados de la mano durante toda la charla; incluso cuando salieron de la casa y él los vio ya estaban así. Y seguían así sentados en la orilla de la banqueta. Y seguían así mientras platicaban todos juntos.

Aquel chico rubio era muy atractivo, sin duda, y podría tener a cualquiera que él quisiera. Y la tenía a ella, y él no tenía oportunidad alguna de tenerla. Aparte, parecía muy simpático y se le haría feo pensar en la novia de alguien más de esa manera, así que tenía que quitarse esa idea de la cabeza. No podía verla así.
 

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