Por Efe Row
-No lo entiendo- dijo
mirándome. Sus ojos se veían llenos de dudas, de decepción, de tristeza… unos
sentimientos heridos se encontraban detrás de esos bellos ojos en los que nadie
era capaz de poder contemplar bien la hermosura que contenían por andar
fijándose en lo demás de ella, en lo imperfecto.
-Las cosas son así, es ley
de vida, y no lo podemos cambiar- respondí meditando todo lo que sabía del
tema. Los libros que había leído sobre ello me ayudaban bastante, mas no me
eran suficientes para resolver una situación como aquella, pues nunca lo había
vivido como tal; nunca me había enamorado como quizá ella lo hizo de aquel
chico que la hacía llorar tanto, nunca había tenido tanto sentimiento hacia
alguien, y menos no correspondido, es más, creo que realmente nunca había
querido a nadie que no fuese de mi familia, o ella.
-Creo que es injusto, damos
todo por una persona a la que queremos, regalamos cosas muy valiosas como nuestro
tiempo, empeñamos todo nuestro esfuerzo en mantenerla a nuestro lado, feliz;
estamos ahí cuando lo necesita, buscamos lo mejor para ella, invertimos todo
por verla… y luego nos pagan queriendo a otra persona que no las quiere y que
solo les hace mal, mintiéndonos y haciéndonos desconfiar cada vez más de la
humanidad, provocándonos esos deseos irrefrenables de acabar con todo, de dejar
varias cosas, de dejar de buscar cariño en los demás- hizo una pausa para
secarse las lágrimas que llevaban horas brotando sin control- No lo entiendo,
es muy injusto.
No hablé durante un buen
rato, sólo la contemplé mientras continuaba llorando. Había algo en ella muy
diferente a las demás, a las que siempre había conocido: sus sentimientos eran
verdaderos. Lo notaba por sus expresiones, por todo lo que hacía; quizá en
realidad sí estaba enamorada, quizá sí había algo más que cariño simple de ella
hacia él, no lo sabía, pero estaba seguro de que ella había pasado ya por
muchas cosas, y además tuvo que soportar que la persona que la hizo sentirse
libre y volando, fue la misma que le llegó a cortar las alas.
Minutos transcurrieron hasta
que rompiera el silencio.
-Te diría que todo va a
estar bien, como todos dicen, pero la verdad es que es algo que no sirve de
nada, todos te lo dicen cuando les cuentas tus problemas, y de todos modos
psicológicamente nunca ayuda, no te beneficia, así que solo te diré que te
ayudaré, que estaré aquí por si necesitas más; tal vez no pueda darte ningún
consejo, pero te podré escuchar y ayudarte a desahogarte si sirve.
Ella secó sus lágrimas y
sonrió, una sonrisa más bien fingida, de esas que das a las personas cuando te
caen mal; pero yo sabía que no era por eso, sino que aún había mucho daño en
ella como para alegrarse sinceramente.
-¿Sabes qué? Creo que uno de
mis más grandes errores fue estar ahí cuando me necesitaba, a todo momento,
estar ahí cuando no tenía con quien hablar porque ella ya se había ido, igual
que insistir mucho en quedarme en su vida y en mantenerlo en la mía. Tal vez
esos fueron mis errores, además de muchos otros, pero esos fueron algunos de
los principales.
Aún notaba algo distinto
en ella, algo que no sabía qué era pero que me hacía verla diferente. Tal vez
el momento que pasaba influyera, porque había mucha delicadeza en su rostro,
reflejando la tristeza que llevaba. Además, verla tan indefensa, con todo en lo
que creía destrozado y el alma rota, la hacía verse tierna, pero de una forma
extraña que provocaba un sentimiento de nostalgia cuando la veías. Entonces, me
di cuenta de que era algo que en serio le había afectado y que dejaría huella,
una huella que tardaría mucho en sanar si es que llegaba a hacerlo. Esa niña
valiente, fuerte y algo atrevida que varios años atrás había conocido
desapareció por un momento, y todo, por culpa de un gran idiota






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