Por Efe Row
Se acercó por detrás, muy cuidadosamente, tanto que ella se sorprendió al verlo de frente. Él buscó sus ojos para observarlos fijamente, pero al encontrarlos se dio cuenta de que estaban cubiertos de lágrimas. Tomó su mano entre las suyas y le susurró al oído -¿Estás recordando?. La chica movió la cabeza en gesto de asentimiento y se echó a sus brazos para seguir con el llanto.
Pasaron varios minutos hasta que
ella se retiró y se secó las lágrimas, él la volvió a tomar de las manos y besó
su mejilla suavemente.
El chico, sin contener las ganas
de saber lo que había ocurrido que la había hecho llorar tantas noches y la
había vuelto desconfiada en el amor, hizo nuevamente la pregunta.
Ella agachó la cabeza y no
argumentó palabra. Desde que se habían conocido gracias a un amigo en común que
tenían y los había presentado, ese tema de conversación se había evitado y,
cuando él hacía la misma pregunta, ella cambiaba de tema inmediatamente.
Incluso, una vez se lo preguntó y ella comenzó a llorar a mares; desde entonces,
ya no lo había hecho. Pero él quería saber, él necesitaba saber.
Era obvio, ella no le había
contestado las veces anteriores y esta tampoco lo haría. Pero, para su
sorpresa, fue la excepción
-En verdad, todo empezó por un
antiguo amigo; yo sentía algo por él desde hacía tiempo, pero él sólo me tomaba
como amiga. Entonces, un día, yo me encontraba fuera de la ciudad, y cuando
revisé mi celular, un mensaje de él que me había dejado en duda me hizo darme
cuenta que después de tantos años aún sentía algo por él. Hablamos, dijimos
tonterías y todo, esa noche fue hermosa, tanto que no dormí más que cinco horas
por recordar cada detalle. A partir de ahí me empezó a hablar bonito; me
mandaba canciones, me respondía rápido, me saludaba… todo había sido
maravilloso hasta ahí - paró un instante porque un nudo en la garganta le anunciaba
que estaba a punto de llorar, pero se contuvo y logró continuar- después, por
varias diferentes razones hubieron varias discusiones; hubo un momento en que
yo empezaba a pedir disculpas por todo, aunque el error no hubiera sido mío.
Mis amigos me decían que no debía hacerlo, pero creo que no entendía. Así
continué, a mí era a la que le importaba mantenerlo conmigo, aun siendo sólo amigos,
pero al parecer a él no. Pasaron tantas cosas, hasta que hubo un momento en que
me era cortante, en la escuela no me hablaba y todo lo que una vez había hecho
por mi había acabado. Quizá se cansó de que siempre tratara de hablarle, quizá
llegué a un momento en que le era molesta, quizá mi error fue haber estado
siempre ahí para él… nunca lo supe. Seguimos como antes, hablándonos tan
cortantes como siempre, y lo único que en parte nos unía era que mi mejor amigo
se llevaba muy bien con él. Muchas veces lloré por él, pero al parecer nunca lo
tomó en cuenta. Con sus actitudes y todo, hizo que poco a poco me fuera importando
menos hasta llegar a un punto en que ya no me preocupaba por él, no más de lo
que me preocupo por todos. Sin embargo, aún me duele que de repente haya
cambiado su actitud conmigo, que haya hecho tanto y luego… pues, que haya
terminado así. Esa es la razón, ese es mi motivo para desconfiar en tantas
cosas. Pero ¿cómo no? Si te lo hacen una vez, pueden hacerlo más veces.
No hubo palabra del chico. Él
mantenía la mirada baja, únicamente tomando su mano.
Fueron varios los minutos que
necesitó para poder acomodar todo. Se dio cuenta de que, en parte, ella tenía
razón, y que no podía hacer nada más que apoyarla para olvidarlo. Sin embargo,
no podían mantener algo serio, no quería lastimarla o lastimarse, aún era muy
pronto.
Al fin, la abrazó y le dijo muy
despacio, para que solamente ella escuchara:
-No podré borrar sus huellas, no
podré cambiar lo que él hizo, pero sí puedo tratar de cambiar tu presente y tu
futuro, para no hacerte recordar tu pasado, o para que sólo lo tengas como un
recuerdo de enseñanza.
Ella lo sujetó con fuerza y lo
miró a los ojos. Los de ambos se iluminaron y continuaron en el abrazo un rato.
Después de eso, él la hizo volver a confiar, él la hizo sonreír una vez más.
Dicen que siempre llega alguien que realmente te provoca cambiar, volverte para
bien y no para mal, sólo hay que esperar.






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