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domingo, 1 de diciembre de 2013

Estaré ahí para ti.

Por Efe Row

Se acercó por detrás, muy cuidadosamente, tanto que ella se sorprendió al verlo de frente. Él buscó sus ojos para observarlos fijamente, pero al encontrarlos se dio cuenta de que estaban cubiertos de lágrimas. Tomó su mano entre las suyas y le susurró al oído -¿Estás recordando?. La chica movió la cabeza en gesto de asentimiento y se echó a sus brazos para seguir con el llanto.
Pasaron varios minutos hasta que ella se retiró y se secó las lágrimas, él la volvió a tomar de las manos y besó su mejilla suavemente.
El chico, sin contener las ganas de saber lo que había ocurrido que la había hecho llorar tantas noches y la había vuelto desconfiada en el amor, hizo nuevamente la pregunta.
-¿Qué fue realmente lo que pasó que te lastimó tanto?
Ella agachó la cabeza y no argumentó palabra. Desde que se habían conocido gracias a un amigo en común que tenían y los había presentado, ese tema de conversación se había evitado y, cuando él hacía la misma pregunta, ella cambiaba de tema inmediatamente. Incluso, una vez se lo preguntó y ella comenzó a llorar a mares; desde entonces, ya no lo había hecho. Pero él quería saber, él necesitaba saber.
Era obvio, ella no le había contestado las veces anteriores y esta tampoco lo haría. Pero, para su sorpresa, fue la excepción
-En verdad, todo empezó por un antiguo amigo; yo sentía algo por él desde hacía tiempo, pero él sólo me tomaba como amiga. Entonces, un día, yo me encontraba fuera de la ciudad, y cuando revisé mi celular, un mensaje de él que me había dejado en duda me hizo darme cuenta que después de tantos años aún sentía algo por él. Hablamos, dijimos tonterías y todo, esa noche fue hermosa, tanto que no dormí más que cinco horas por recordar cada detalle. A partir de ahí me empezó a hablar bonito; me mandaba canciones, me respondía rápido, me saludaba… todo había sido maravilloso hasta ahí - paró un instante porque un nudo en la garganta le anunciaba que estaba a punto de llorar, pero se contuvo y logró continuar- después, por varias diferentes razones hubieron varias discusiones; hubo un momento en que yo empezaba a pedir disculpas por todo, aunque el error no hubiera sido mío. Mis amigos me decían que no debía hacerlo, pero creo que no entendía. Así continué, a mí era a la que le importaba mantenerlo conmigo, aun siendo sólo amigos, pero al parecer a él no. Pasaron tantas cosas, hasta que hubo un momento en que me era cortante, en la escuela no me hablaba y todo lo que una vez había hecho por mi había acabado. Quizá se cansó de que siempre tratara de hablarle, quizá llegué a un momento en que le era molesta, quizá mi error fue haber estado siempre ahí para él… nunca lo supe. Seguimos como antes, hablándonos tan cortantes como siempre, y lo único que en parte nos unía era que mi mejor amigo se llevaba muy bien con él. Muchas veces lloré por él, pero al parecer nunca lo tomó en cuenta. Con sus actitudes y todo, hizo que poco a poco me fuera importando menos hasta llegar a un punto en que ya no me preocupaba por él, no más de lo que me preocupo por todos. Sin embargo, aún me duele que de repente haya cambiado su actitud conmigo, que haya hecho tanto y luego… pues, que haya terminado así. Esa es la razón, ese es mi motivo para desconfiar en tantas cosas. Pero ¿cómo no? Si te lo hacen una vez, pueden hacerlo más veces.
No hubo palabra del chico. Él mantenía la mirada baja, únicamente tomando su mano.
Fueron varios los minutos que necesitó para poder acomodar todo. Se dio cuenta de que, en parte, ella tenía razón, y que no podía hacer nada más que apoyarla para olvidarlo. Sin embargo, no podían mantener algo serio, no quería lastimarla o lastimarse, aún era muy pronto.
Al fin, la abrazó y le dijo muy despacio, para que solamente ella escuchara:
-No podré borrar sus huellas, no podré cambiar lo que él hizo, pero sí puedo tratar de cambiar tu presente y tu futuro, para no hacerte recordar tu pasado, o para que sólo lo tengas como un recuerdo de enseñanza.
Ella lo sujetó con fuerza y lo miró a los ojos. Los de ambos se iluminaron y continuaron en el abrazo un rato. Después de eso, él la hizo volver a confiar, él la hizo sonreír una vez más. Dicen que siempre llega alguien que realmente te provoca cambiar, volverte para bien y no para mal, sólo hay que esperar.

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